LA CUARENTENA DE LOS LADRILLEROS

La actividad está totalmente parada. Aún así, destacan que hay un aislamiento comunitario que sí se respeta. Admiten que tienen dificultad para acceder al Ingreso Familiar de Emergencia.
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La mayoría de los sectores económicos están sufriendo producto de la crisis ocasionada por la pandemia del nuevo coronavirus. Uno de estos es el de los ladrilleros, que en la provincia de Entre Ríos pueden ubicarse estrictamente dentro de lo que se conoce como economía popular. Están, en su mayoría, agrupados en la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina (UOLRA).

Los trabajadores y trabajadoras que se dedican a la ladrillería en nuestra provincia están comprendidos en 700 unidades productivas. En tanto, Paraná tiene 80 hornos, ubicados en la zona de calles Miguel David y Pedro Martínez. En este lugar está situada la Cooperativa Ladrilleros Paraná, que reúne alrededor de 20 hornos en donde hay entre 50 y 60 personas que trabajan asociadamente y, además, son cortadores de otros compañeros.

Sobre la actividad de la UOLRA en Paraná, el delegado en la provincia de la Unión, Federico Feltes, cuenta que tienen “dos comedores y dos merenderos en dos barrios en la zona de las ladrilleras, todos de la economía popular, en donde aumentó la cantidad de familias que van a retirar la vianda en un 50%. Nosotros antes cocinábamos dos veces, ahora cocinábamos tres veces por semana y damos la leche todos los días”. Ante esta realidad, agrega que “es una gran dificultad porque no se está trabajando, la actividad ladrillera está parada”. Aun así, destaca que “hay un aislamiento comunitario que sí se respeta, hay conciencia de la familia de que no hay que transitar”.

Los trabajadores informales que viven al día sufren más este momento económico porque, claramente, no cuentan con reservas para afrontar los meses de inmovilidad. “Hay un pedido exponencial de muchas familias que históricamente han vivido de la changa. Tanto en la construcción, la pesca, la ladrillería, la venta ambulante. Lo que es la actividad de la economía popular, que al no tener patronal, alguien visible a quien reclamarle se ha hecho difícil. La changa ya venía siendo escasa, incluso veníamos en la actividad ladrillera con una mínima producción y ahora se ha profundizado mucho más”, especifica Feltes.

Sobre el día a día en los barrios, marca que “se hizo dificultoso por la incertidumbre que existe, porque no hay circulante de dinero. Encima estamos esperando el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) que se ha dificultado muchísimo”. El problema se evidencia porque muchos trabajadores ladrilleros no poseen capital simbólico para acceder a la inscripción y tampoco tienen acceso a Internet, ante esta realidad “como sindicato hemos tenido que hacer llegar los datos a la Anses y también hacer CUIL y gestiones que faltaban”, agrega. “En Entre Ríos ingresó un 30 % de ese total por diferentes cuestiones, entonces hay que hacer el reclamo”, cuenta Feltes.

El rol del Estado y la importancia de las organizaciones sociales

“El Estado está cumpliendo un rol importante con la cuarentena pero por otro lado vemos el déficit histórico de las estructuras del Estado y la importancia de las organizaciones. Muchos de los 11 millones inscriptos para el IFE fueron inscriptos por las organizaciones, porque llegamos a lugares donde el Estado no existe. Por ejemplo, inscribimos compañeros de Federal que están a veinte kilómetros de la ciudad y que no tienen acceso ni a luz ni a agua corriente”, expone.

Sobre la posibilidad de volver al trabajo

“Para nosotros, desde la economía popular, es muy difícil garantizar las mínimas exigencias que pide la autoridad sanitaria porque debemos contar con algún recurso concreto que no lo tenemos y al no haber patrón tampoco se lo podemos exigir”, explica Feltes

Exequiel Flesler - Entre Ríos Diario

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