EL MIEDO A LA OTRA PANDEMIA

El espíritu vigilante vecinal creció exponencialmente con la pandemia de coronavirus y alentó prácticas violentas hacia las víctimas de Covid-19 y sus familiares. La impunidad de las redes sociales y la falta de solidaridad. El caso de Colonia Avellaneda, nos invita a reflexionar.
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Este lunes, desde el Área Epidemiologica de la provincia de Entre Ríos, anunciaron que de los cinco nuevos casos, uno fue registrado en la ciudad de Colonia Avellaneda.

Este municipio, de número incierto de habitantes, aunque se estima entre 12 y 15 mil personas, se conmocionó de tal forma que la plaza pública del siglo XXI, las redes sociales, estallaron de suspicacias, dudas, consultas, insultos, difamaciones y opiniones variadas al estilo de "yo siempre dije que...".

Un situación similar se dio un tiempo atrás, cuando la persona detectada positiva de coronavirus era de la ciudad de San Benito. El chusmerío corrió de tal forma, que hasta funcionarios municipales hicieron correr la voz de quién era y dónde vivía la persona afectada.

En Junín prendieron fuego la camioneta de una persona que viajaba a Buenos Aires trasladando mercadería. A una profesional de la salud la echaron de su departamento gracias a los vecinos del edificio. A otros le pintaron las casas. Hasta hubo algunas propuestas de "marcar" a las personas contagiadas, para que la comunidad lo sepa para prevenir.

En este caso, en Colonia Avellaneda, "algo se sabía" de personas que se encontraban aisladas, de manera preventiva. Entonces, cuando se dio a conocer la noticia de un caso confirmado, los rumores incrementaron su virulencia, hasta un punto tal que, una de las familias que se encontraban en situación de aislamiento voluntario por haber tenido un contacto estrecho con una persona con Covid-19, tuvo que hacer una declaración pública en las redes sociales, explicando su situación.

En la publicación realizada explica cómo fue el proceso por el cual decidieron aislarse y la relación que mantuvieron con el Comité de Emergencia en Salud, quienes son los responsables de seguir estos casos. Allí explican que el COES no aplica testeos a personas que no presentan síntomas, por lo que esta familia decidió hacerlo de manera privada. Pagaron para hacerse los estudios en un laboratorio privado.

La duda, el apuro, la necesidad de saber si se produjo el contagio, está ligada a la mirada disciplinadora de la sociedad, al temor al escrache, a la calumnia surgida de la opinión liviana y descomprometida, en la irresponsabilidad de decir lo que sea, porque el derecho está en poder "decir lo que pienso", por más ruin que sea. Tenemos que decir "no estoy infectado. No tengo al demonio en mi cuerpo. No me juzguen. No me señalen."

Hacer más de lo que establece el protocolo de salud pública, es buscar sacarse una pesada mochila de encima. Mochila que fuimos cargando los "vecinos" con rumores. Mochila que carga la Iglesia Católica cuando irrespetuosamente habla del demonio y la pandemia (por lo que los contagiados tienen a Satanás en su interior). Mochilas que cargamos los medios cuando no transmitimos una opinión franca y nos ocultamos bajo el paraguas de "la objetividad". Mochila que cargan los responsables políticos cuando miran la estrategia electoral más que la estrategia sanitaria.

Como expresó Nadia Ahumada, directora de Articulación Programática y Municipio Saludable, de la Subsecretaría de Salud Comunitaria del Municipio de Paraná: “Es necesario que apelemos a la responsabilidad y a la solidaridad de la comunidad, evitando la estigmatización de los pacientes confirmados de Covid-19; informarse por fuentes oficiales y extremar las medidas de prevención. De esa manera, todos ayudamos a que el virus no se propague”.

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